La Educación para la Paz en Torquemada

CPEIP Héroes de la Independencia

cartelloni

 

   Se trata de trabajar con lo más básico, lo esencial de este tema.

La Educación Moral es una educación sobre valores. Se propone formar personas autónomas, dialogantes, tolerantes, comprometidas en la participación social y en la relación personal.

Educar para la paz es una forma particular de educación en valores. Supone educar desde y para unos determinados valores, como la justicia, la cooperación, la solidaridad...

En Educación son difícilmente separables las actuaciones tendentes a conseguir los objetivos que se proponen este tema transversal.

La Educación para la Paz debe convertirse en un ámbito de reflexión individual y colectiva que permita elaborar racional y autónomamente principios que posibiliten enfrentarse críticamente a la realidad. Esta educación debe ayudar a analizar críticamente la realidad cotidiana y las normas sociomorales vigentes, de modo que ayude a idear formas más justas y adecuadas de convivencia.

Entender de este modo la Educación para la Paz da razones suficientes para justificar la conveniencia de que hoy la escuela se ocupe de ella.

Introducción

Trataremos de establecer unas bases sobre las que más adelante se deberá construir la ética adulta, pero que en la escolaridad son ya, en sí mismas, experiencias propias de la Educación para la Paz.

Es complicada la tarea de seleccionar lo propio y exclusivo de la Educación para la Paz respecto al resto de currículo. El aspecto que prioritariamente distingue un contenido como ético no está menos en él mismo y más en la actitud o talante con que lo aborde el profesor. Si se supone una actitud sensible para lo moral y el valor específico de la paz, la cantidad de contenidos en las distintas áreas vinculados a estos aspectos es muy notable.

Los objetivos recogen los aspectos principales de la Educación para la Paz , relacionados principalmente con las capacidades del ámbito de las relaciones interpersonales y de actuación e inserción social.

Igualmente, desde el punto de vista metodológico, cobran especial importancia los aspectos relativos a la afectividad y a la relación. No hay que olvidar que se configuran las bases de la personalidad, incluidos los esquemas de valores propios, lo que ratifica la importancia de empezar a educar en los valores morales y de evaluarlos consecuentemente.

Objetivos generales de la Educación relacionados con la Educación para la Paz:

a) Descubrir, conocer y controlar progresivamente el propio cuerpo, formándose una imagen positiva de sí mismos, valorando su identidad sexual,sus capacidades y limitaciones de acción y expresión, y adquiriendo hábitos básicos de salud y bienestar.

b) Actuar de forma cada vez más autónoma en sus actividades habituales, adquiriendo progresivamente seguridad afectiva y emocional, y desarrollando sus capacidades de iniciativa y confianza en sí mismos.

c) Establecer relaciones sociales en un ámbito cada vez más amplio, aprendiendo a articular progresivamente los propios intereses, puntos de vista y aportaciones con los de los demás.

d) Establecer vínculos fluidos de relación con los adultos y con sus iguales, respondiendo a los sentimientos de afecto, respetando la diversidad y desarrollando actitudes de ayuda y colaboración.

f) Conocer algunas manifestaciones culturales de su entorno, mostrando actitudes de respeto, interés y participación hacia ellas.

Ejes de contenidos en la Educación para la Paz

Cuatro aspectos o ejes principales en los que pueden agruparse, a fin de facilitar su secuencia y su evaluación:

* El concepto de sí mismo.

* La convivencia.

* Respeto a la diversidad.

* Los conflictos.

Estos cuatro ejes en los que se han agrupado los objetivos y contenidos recogen los distintos componentes de la Educación para la Paz, desde un enfoque adaptado a las características y peculiaridades de los niños y niñas de estas edades. La organización en estos bloques puede facilitar posteriormente el diseño de actividades, pero no supone una compartimentación, ya que los contenidos están intrínsecamente relacionados unos con otros.

Eje 1. El concepto de sí mismo

En este eje se han agrupado aquellos contenidos relacionados con la formación de la propia personalidad del individuo, base sobre la que se asentarán sus relaciones con los demás y su inserción social.

El concepto de uno mismo dista mucho de ser neutro, estando desde muy pronto cargado de componentes de valoración positiva o negativa que también proceden de las interacciones sociales que el niño mantiene. La autoestima que el niño se forma es en gran parte una interiorización de la estima que se le tiene y de la confianza que en él se deposita. Además, las experiencias que va teniendo le dan la sensación de dominio y competencia o de fracaso e incapacidad.

Eje 2. La convivencia

En este eje se han de abordar aquellos aspectos referidos a las relaciones sociales en el centro.

La asistencia a la escuela favorece la socialización del niño. En este sentido, una adecuada intervención educativa, que se proponga la Educación para la Paz, encontrará en este proceso de socialización el medio adecuado para ello.

El proceso de socialización es un camino no exento de dificultades. Pasar de la propia individualidad al encuentro con los demás no es fácil, y el niño o niña necesitan de la ayuda de los adultos que le rodean.

Uno de los objetivo es que el niño o niña pueda actuar con autonomía, confianza y seguridad en los medios sociales más próximos (especialmente familia y escuela), que conozca y utilice las reglas que permiten la convivencia en ellos y que contribuya a su establecimiento, así como a su discusión cuando sea necesario.

Eje 3. Respeto a la diversidad

La Educación  para la Paz debe proponerse que los niños y las niñas alcancen unas bases de respeto y tolerancia, y una valoración positiva de las diferencias sobre las que se construyen posteriormente aprendizajes más específicos.

Adquirir actitudes de ayuda y solidaridad con diferentes situaciones o dinámicas. Estas adquisiciones serán la base sobre la que se asiente posteriormente la Educación para el Desarrollo, uno de los componentes de la Educación para la Paz.

Eje 4. Los conflictos

La Educación para la Paz se propone el aprendizaje desde los primeros años de la resolución no violenta de los conflictos. Aquí se abordará específicamente lo relacionado con la violencia que rodea el entorno, y el aprender a resolver pacíficamente los conflictos que surgen en la escuela.

Las conductas violentas están presentes cotidianamente en la vida de la escuela. Los propios niños y niñas reaccionan violentamente ante ciertas situaciones, influidos por modelos adultos que observan a su alrededor y por los mensajes que reciben a través de los medios de comunicación.

Aprender a resolver los conflictos de forma pacífica supone potenciar otras formas de expresión y, mediante el diálogo e intercambio, llegar a soluciones negociadas con los demás.

Proyecto Educativo de Centro y Proyecto Curricular

A continuación se plantea de qué modo vamos a incorporar en el Proyecto Educativo y en el Proyecto Curricular los objetivos y contenidos referidos a la Educación para la Paz.

El Proyecto Educativo hace necesario consensuar los valores morales seleccionados por el equipo de profesores que deberán posteriormente ser compartidos por toda la comunidad educativa. Esto supone poner en práctica un proceso de trabajo en equipo acorde con los objetivos y contenidos relacionados con la Educación para la Paz, cuya finalidad será alcanzar un consenso de criterios. Para que este consenso tenga lugar no es necesario que todo el profesorado coincida en su concepto sobre el ser humano y la sociedad (no se trata de llegar a un acuerdo a nivel metafísico o filosófico, que podría ser altamente controvertido). El consenso sobre la Educación para la Paz debe centrar su campo en una serie de valores delimitados por finalidades cercanas a su contexto práctico, así como sobre los contravalores dominantes en su medio que se plantee erradicar (competitividad, violencia, desigualdad...).

El equipo de profesores llevará a cabo una reflexión sobre el significado de la Educación  para la Paz, considerando las necesidades y condiciones de su centro. El profesorado revisará su práctica pedagógica a partir de esta reflexión y análisis de los principios morales y decidirá consensuadamente la manera de concretarlos en su proyecto curricular.

Conviene recordar que la Educación para la Paz, como el resto de los temas transversales, es una dimensión educativa que como tal afecta a todas las áreas y ciclos y, por lo tanto, debe impregnar todos los elementos curriculares incluida la organización de la vida del centro. En otras palabras, más que entender la Educación para la Paz como un conjunto de actividades añadidas se trata de que esté integrada en la propia vida del centro.

Conviene mencionar, por otro lado, algunos criterios metodológicos que deben reflejarse en un proyecto curricular que contemple la Educación para la Paz:

* El aprendizaje significativo: es necesario que todo contenido moral tenga un sentido claro para el niño o niña y sea suficientemente motivador como para provocar la modificación de sus estructuras cognitivas. El niño debe establecer relaciones entre sus ideas previas y los nuevos aprendizajes morales que queremos que integre.

El aprendizaje significativo se caracteriza por ser globalizado, ya que se fundamenta en la formación del mayor número posible de relaciones entre, en este caso, el contenido moral de aprendizaje y la estructura cognoscitiva del alumno/a. Es aconsejable, por tanto, presentar los contenidos de Educación para la Paz de forma que faciliten la observación y la reflexión desde la experiencia directa del mundo que le rodea.

* El ambiente escolar: este principio metodológico se basa en la necesidad de crear en esta etapa un clima acogedor, cálido y seguro en el que el niño se sienta aceptado y confiado para afrontar los retos que le plantea el conocimiento y para adquirir los valores morales que se derivan de sus experiencias.

Las relaciones que se establecen entre el alumnado, y entre el alumnado y sus maestras y maestros constituyen una fuente básica de aprendizajes morales dentro de este ámbito escolar. Se adquiere una personalidad moral madura cuando se ha vivido de modo autónomo, dialogante y cooperativo una cantidad suficiente de experiencias sociales.

Por tanto, un currículo de Educación para la Paz debe comenzar con la creación de un ambiente escolar afectivo y participativo.

* La familia: comparte con el centro educativo todos los aspectos relacionados con el desarrollo global del niño, pero muy especialmente su desarrollo moral. La familia es un factor clave a la hora de considerar la Educación para la Paz de los escolares. Una de las tareas que competen al equipo educativo del centro es, por tanto, determinar los cauces y las formas de participación de los padres y madres en la consecución de estos objetivos curriculares.

* Otro factor importante es el papel del profesor, sus comportamientos y actitudes. De entre las características más significativas del modelo de profesor que potencia la Educación para la Paz destacamos las siguientes:

- Organizador: potenciador de las relaciones de grupo, creador de una auténtica comunidad de apoyo para todos los niños y niñas.

- Comprensivo: referido a la capacidad de relacionarse con el alumnado considerándolos como personas dignas de respeto y de valores, independientemente de sus características físicas y psíquicas, de su procedencia social y del tipo de comportamiento que manifiesten.

- Cooperador: tanto en las relaciones con los compañeros y padres, como en el trabajo con los niños y niñas, su comportamiento debe estar guiado por modelos de trabajo cooperativos.

El profesor debe apoyar sus decisiones educativas en todo momento en el equipo docente, auténtico artífice de los proyectos del centro. El trabajo en equipo permite que no se realice una mera yuxtaposición de tareas pedagógicas, sino una sucesión de tareas coordinadas y secuenciadas consensuadamente.

En resumen, aprender desde la lógica de la Educación para la Paz no debería ser tanto un proceso de acumulación de saber como un ejercicio de comprensión, valoración y actuación coherente. No se trata tanto de enseñar cosas, sino de vivir con los niños y niñas una experiencia de diálogo, a medida que la edad lo permita, en la que todos han de sentirse involucrados y con algo que aportar.

Orientaciones para la programación

Introducción

Las actividades de Educación para la Paz deben ser el resultado de la concreción en cada aula y grupo, del Proyecto Educativo y Curricular del Centro y etapa.

Las actividades deben ser específicamente diseñadas para contribuir a la consecución de los objetivos y contenidos propios de este tema. Cualquier actividad no es igualmente útil para esta educación, sino que se requieren estrategias particularmente pensadas para ella.

Las actividades de Educación para la Paz, deben ser sistemáticas. El planteamiento transversal no significa limitarse a actividades ocasionales y desordenadas, sino que deben estar orientadas por una programación específica, clarificando los objetivos y contenidos de cada ciclo en esta materia, los métodos más apropiados, y los tipos de actividades de cada ciclo y grupo de alumnos y alumnas.

A continuación se desarrollan una serie de orientaciones sobre las estrategias que se pueden poner en marcha para desarrollar unos objetivos y contenidos de Educación para la Paz.

No se trata de un listado exhaustivo de actividades, sino de algunas reflexiones y sugerencias para el diseño concreto de ellas.

Se han seguido, como forma de exposición, los ejes que se apuntaron en la organización de los contenidos.

El concepto de sí mismo

Comprende los siguientes aspectos:

La autoestima

Un niño o una niña con mucha autoestima estará orgulloso de sus logros, actuará con independencia y asumirá responsabilidades con facilidad, sabrá aceptar frustraciones.

Un nivel bajo de autoestima se detecta si él mismo desprecia sus dotes naturales, si siente que no le valoran, si echa la culpa a los demás de sus problemas, si se deja influir por los otros con facilidad.

¿Cómo mejorar el nivel de autoestima del alumnado?

- Demostrándole cariño y aprecio.

- Elogiándole en aspectos muy concretos, más que en los generales.

- Expresándole satisfacción cuando se dan comportamientos positivos con los demás.

- Compartiendo sus intereses, aficiones y experiencias.

- No juzgándole continuamente.

- Animándole a expresar ideas diferentes de las del resto.

- Permitiendo que haga las cosas a su manera, sin ofender a los otros.

- Dándole tiempo y oportunidad para expresar sus ideas.

- No ridiculizarle o avergonzarle, aunque haya que limitar alguna de sus actividades.

- Darle opción a elegir sus actividades.

- Ayudarle a tomar conscientemente sus decisiones.

- Organizar actividades en las que el niño o niña tenga más oportunidades de obtener éxito.

La historia personal

Actividades destinadas a conocer y valorar la individualidad de cada uno, sus características propias, su historia, sus peculiaridades, su ser único y singular.

La escuela debe proponerse que todos los niños y niñas valoren sus diferencias como enriquecedoras, y adquieran actitudes de tolerancia y convivencia.

Todas las actividades irán dirigidas a conocer o potenciar los aspectos individuales de cada niño o niña, de sí mismo y de su medio.

Esto debe reflejarse en el día a día, en la propia intervención cotidiana, en los momentos de encuentro, en las diferentes actividades que se realizan en la escuela, pero también pueden organizarse actividades específicas como la siguiente:

- Construir la historia personal de cada uno en colaboración con los padres. La tarea consiste en recoger diversa información de cada niño o niña en lo que se refiere a su nacimiento, familia, vivienda, ocupación del tiempo libre, enfermedades, objetos personales, gustos, amistades... Una vez elaborada esta recogida de datos, con fotos, objetos, escritos de los padres, etc., se destina un día, o una semana, para cada niño o niña. Los demás niños y niñas preguntan y reciben información sobre su compañero. El adulto resaltará siempre los aspectos más positivos, las singularidades de cada uno, las aportaciones originales y aprovechará esta actividad para valorar especialmente a aquellos niños o niñas con más posibilidades de ser marginados por alguna causa.

Sólo desde la concepción de que todos somos diferentes unos de otros se conseguirá la integración de aquellos que pueden presentar características más singulares, o que la propia sociedad desvaloriza.        

Los criterios morales

El aprendizaje moral se realiza fundamentalmente a través de la imitación de aquellos a quienes está más vinculado, y de los refuerzos negativos o positivos que acompañan el conjunto de experiencias de los niños y niñas. A partir de aquí, progresivamente, el aprendizaje moral se realizará también a través de la autorreflexión del sujeto.

No debe perderse de vista el carácter heterónomo de la moralidad infantil (la razón de su moralidad no está dentro sino fuera de él) y la independencia de su comportamiento con respecto al juicio ético (el juicio no tiene relación con su propia actuación).

- Facilitar al niño una progresiva autorregulación del propio comportamiento.

- Superar el egocentrismo y la autorreferencia de los criterios desde los que se juzga a personas y hechos.

- Verbalizar el propio comportamiento, dándole un sentido y relacionándolo con el de los demás.

¿Cómo ayudar al niño o niña a que construya sus criterios morales?

H. Clemes y otros plantean las siguientes orientaciones:

- Compartir con el niño o niña los valores propios, dándole pautas de referencia, transmitiéndole mensajes claros sobre sus propias actitudes y valores, para que él pueda compararlos con su experiencia.

- Ayudar al niño a establecer objetivos razonables y alcanzables. Los niños necesitan una ayuda considerable para aclararse y avanzar hacia objetivos concretos.

- Ayudar al niño o niña a comprender las consecuencias de su comportamiento. Que relacionen la causa y el efecto, sobre sí y sobre los demás. Los niños y niñas necesitan ayuda para prever las consecuencias de sus actos intencionados.

- Comunicar al niño o niña lo que se espera de él o ella, dejando claro qué grado de perfección se les exige. Exigencias claras, con refuerzos positivos muy concretos.

- Ofrecerle un buen modelo. Que el niño o niña vea al profesor actuando, y que haya posibilidad de compartir esa actuación.

- Ayudar al niño o niña a ampliar su campo de experiencias. Experiencias que les proporcionen ocasiones para aprender, para reflexionar y valorar su actuación.

La convivencia

Se tratará a través de los siguientes aspectos:

El momento de encuentro.

El momento de encuentro del grupo constituye un eje en torno al que se desarrollan varios aspectos de la Educación para la Paz.

¿Qué aprenden los niños en el momento de encuentro?

Aprenden a emitir sus opiniones y expresar sus sentimientos, a planificar su propia actividad, a participar en el establecimiento de normas de convivencia, a respetar las opiniones de los demás, aceptando sus diferencias y peculiaridades.

¿Qué aspectos deben tenerse en cuenta al planificar estos momentos?

- Plantear el objetivo en relación con la edad del alumnado. No es posible proponerse objetivos ambiciosos con respecto a la asamblea con niños de tres años, con los que habrá que plantear reuniones del grupo cortas y con objetivos muy concretos.

- No imponer las normas como adulto, sino intentar que vayan participando en el propio establecimiento de las reglas de convivencia y de diálogo.

- No alargar la situación indefinidamente; los temas serán concretos y se mantendrán mientras conserven el interés y la implicación del alumnado.

- Ayudarse con algún sistema gráfico de apoyo, para reflejar las conclusiones o los temas a tratar.

- Intentar que todos participen, con cuidado hacia los más tímidos para no violentarles en esta exigencia.

La organización del material

Una organización cooperativa del material favorece situaciones de interacción social, de responsabilidad individual frente al grupo.

Las aulas suelen disponer de material colectivo. El hacerlo así tiene el objetivo de que  aprendan a compartir, a cuidar un material que es de todos y a sentirse miembros de un grupo. En suma, con este método se refuerza el sentimiento de pertenencia y de cooperación en el grupo.

¿Qué debe tenerse en cuenta para conseguir el objetivo propuesto?

- Transmitirles el valor de las cosas que usamos.

- Que participen en las formas de organización y uso del material.

- Establecer criterios funcionales que faciliten el uso y conservación del material.

- Hablar sobre el uso y conservación de los materiales en los momentos de reunión.

- Proponer la asunción de pequeñas responsabilidades por el alumnado.

- Posibilidad de aportar distintos materiales desde casa, para su uso por el grupo.

- Resolver los conflictos que se den, por medio del diálogo y búsqueda de soluciones consensuadas.

Los lugares de juego

Se trata de determinar unas zonas específicas para el desarrollo de algunas actividades. Hay diversas modalidades organizativas, pero todas ellas disponen de espacios acotados, de alguna manera especializados, en donde juegan grupos de niños y niñas, casi siempre libremente configurados.

Se resaltan los aspectos relacionales que facilita esta organización. En cada lugar actúa un grupo reducido de niños y niñas dedicados a planificar juntos algún juego, llevarlo a cabo, repartirse los papeles y compartir el material existente. En estos espacios en los que se forma un grupo, se crea un ambiente de convivencia cercano y asequible para el niño o niña, en el que además el educador puede intervenir con mayor facilidad.

¿Cómo intervenir adecuadamente en los lugares de juego?

- Planificándolos, con contenidos y materiales que respondan a los intereses del alumnado.

- Valorando el profesor estas situaciones como lugar de desarrollo de experiencias especialmente interesante.

- Observando las situaciones de juego recogiendo información sobre las “habilidades sociales” del alumnado. Este momento es especialmente adecuado para conocer el grado de inserción en el grupo de cada niño o niña y sus dificultades en ello.

- Reforzando positivamente los esfuerzos y logros alcanzados en el terreno social, ayudando a resolver los conflictos por medio del diálogo, pero dejando un margen de autonomía suficiente para que ellos puedan superarlos por sí mismos.

Respeto a la diversidad

El currículo oculto

La actuación educativa está influida por las propias percepciones del profesor, ideas, sentimientos y experiencias acerca de la vida social. En las investigaciones educativas más actuales cobra una gran importancia el desvelamiento del “currículo oculto” que se desarrolla sin hacerse explícito en ningún momento. Funciona de una manera implícita a través de los contenidos culturales, las rutinas, interacciones y tareas escolares. No es fruto de una planificación del colectivo docente, pero da como resultado una reproducción de las formas de conducta y de los modelos económicos, políticos, culturales o religiosos dominantes en la sociedad.

Tiene una gran importancia el modelo del educador en la transmisión de valores. No puede educarse a las niñas y a los niños en el respeto a la diversidad, en la integración social, en la tolerancia, si se parte de concepciones y de prácticas en las que subyacen concepciones racistas, clasistas, sexistas...

A veces se establecen rutinas de manera automática, fruto de acciones que se ven hacer a otros, o que se han vivido como alumnos, sin llegar a reflexionar sobre tales actividades con suficiente profundidad.

Los agrupamientos de niños y niñas, el espacio del que pueden disponer, la atención que se presta a cada uno, el acceso al material, los textos que se utilizan... deben estar diseñados según los valores que los niños y niñas deben adquirir.

¿Cómo se puede trabajar hacia una educación no discriminatoria?

Para mejorar la actuación y el modelo que el profesor representa se propone:

Reflexionar, analizar, explicitar sobre las propias concepciones, la práctica docente, en definitiva, el currículo oculto.

Conviene reflexionar sobre el alumnado, la vida cotidiana en la escuela , e ir descubriendo los propios errores en el tratamiento de las diferencias de clase social, de género, raza, etnia o cultura, religión, diferencias de tipo físico o intelectual.

Aquí el trabajo conjunto del equipo docente es esencial. Llegar a poner en marcha actuaciones específicas de apoyo e integración de las minorías marginadas redundará en el alumnado, que vivirá una educación más igualitaria y podrá adquirir los valores de respeto, tolerancia y no discriminación.

Los Derechos de los Niños

Pueden desarrollarse algunas actividades relacionadas con los Derechos de los Niños. Se partirá de la propia experiencia individual, como niño o niña, con sus características y peculiaridades específicas para aceptarse a sí mismo y reconocerse como sujeto de derechos, en primer lugar.

El Ministerio de Asuntos Sociales dispone de abundante material como carteles, tarjetas, juegos, libros y documentos relacionados con los derechos de los niños y niñas que puede ser de gran utilidad.

Dichos textos presentan algunos conceptos sobre los que se puede trabajar, partiendo de los derechos propios y avanzando hacia el respeto y la tolerancia de los derechos de los demás: igualdad, protección, identidad, integración, auxilio, educación...

Hay algunas actividades que pueden ser útiles para llegar a comprender algunas nociones sobre los Derechos de los Niños. Entre ellas se destacan el juego dramático, mediante el cual pueden representarse situaciones de abuso o intolerancia hacia los demás; los cuentos o historias que plantean estas situaciones, o la participación de los niños en campañas sociales de solidaridad.

Los conflictos

Contiene los siguientes aspectos:

Los juguetes bélicos

Hablar de paz obliga a reflexionar sobre la incidencia de los juguetes de tipo violento en la formación de valores de los niños y niñas.

Ser conscientes del papel del juego en esta etapa conlleva el análisis minucioso de los juguetes, ya que son objetos determinantes del juego e influyen en la imagen del mundo que el niño o niña va formándose y en las relaciones que pueden establecer con él.

En nuestra época, el juguete comercial ha ocupado un lugar de importancia, es un producto más de consumo, y su valor educativo y lúdico ha quedado oscurecido por el económico y lucrativo.

Las características de los juguetes, los mensajes que transmiten, tienen una gran influencia en la adquisición de los valores relacionados con la Educación para la Paz.

El juguete bélico, al reproducir enfrentamientos, transmite un modelo de sociedad competitiva, violenta y represiva que divide el mundo en buenos y malos, exaltando el afán de dominio y poder. Fomenta relaciones de desconfianza, miedo, ansiedad, rivalidad, rencor... que hacen que el alumnado perciba la violencia como algo tan natural y lógico que ni se cuestiona.

También enseña un modo violento de resolver los conflictos, en lugar de promover modos basados en la cooperación, diálogo y consenso.

Estos juguetes, en la actualidad, vienen acompañados de un fuerte soporte publicitario (dibujos animados, cromos, camisetas...), por lo que el niño o niña apenas pueden resistirse a ellos.

¿Qué puede hacer el educador, la escuela, frente a la proliferación de juguetes bélicos?

- No utilizarlos en la escuela. El aula debe reunir múltiples posibilidades de juego, incentivar el uso de otros juguetes alternativos, de manera que el niño o niña aprendan a jugar de otra manera.

- Explicar al alumnado por qué no se usan en la escuela, de manera que se hagan explícitos los valores negativos que subyacen en ellos.

- Orientar y trabajar con las familias, de manera que se reflexione acerca de la incidencia de estos juguetes, y ofrecer alternativas para los regalos de Navidad, cumpleaños, etc.

Para la propia formación del profesor, así como para poder orientar las reuniones de padres, resulta interesante y útil el material publicado por el Seminario de Educación para la Paz (A.P.D.H.) “Aprende a jugar, aprende a vivir”.

Los mensajes audiovisuales

El niño o niña está sometido a un continuo bombardeo de imágenes que en la mayoría de los casos presentan modelos violentos y agresivos, especialmente a través de los dibujos animados, también a través de películas, anuncios, y cada vez en mayor medida, juegos de tipo informático.

Los niños y las niñas van recibiendo continuos mensajes que tienen efecto en la construcción de los valores relacionados con la Educación para la Paz, y que se manifiestan en sus juegos, dibujos, modos de relacionarse y de resolver los conflictos.

Los personajes audiovisuales son auténticos modelos de conducta para los niños y niñas. Esto induce a una cierta desesperanza por parte de los padres y educadores más conscientes. No son pocos los que detectan que después de ver ciertas series de dibujos,las niñas y los niños pegan y agreden a sus hermanos/as o amigos/as, disminuyendo las actitudes de compartir, ceder y llegar a acuerdos.

La televisión ejerce una gran influencia sobre los niños y niñas, especialmente sobre su aprendizaje social, que se realiza durante los primeros años. Así, el aprendizaje social primario, que se da a través de la experiencia directa en su medio, es desplazado por el secundario, por la experiencia indirecta. Las historias contadas por televisión influirán decisivamente en la creación de su marco de referencia para codificar las relaciones y establecer escalas de valores sociales.

El mundo que se presenta a los niños y niñas a través de los medios audiovisuales no es real, sino ficticio, exagerando determinados aspectos, dejando otros en la sombra. En el tema que nos ocupa es especialmente preocupante la selección de personajes, situaciones, modelos de conducta, regidos por unos valores que no forman parte de los que se proponen en Educación para la Pazl.

¿Qué valor dará a la vida un niño o niña acostumbrados a “matar” varias veces por minuto en su juego de ordenador? ¿Qué otras soluciones puede buscar si sólo puntúan positivamente los enemigos liquidados u objetos destruidos?

Los educadores deben ser conscientes de la incidencia de este medio en el que se desenvuelven los niños y abordar, en la medida de lo posible, actuaciones tendentes a contrarrestar sus mensajes.

En la escuela se enseña a hablar, a dibujar, a leer, pero no “a ver” y “a oír”. Tal vez éste sea el primer paso para afrontar los mensajes audiovisuales violentos.

La escuela no puede ignorar estas influencias, no puede situarse al margen, sino afrontar que la intervención educativa es necesaria, ahora más que nunca, para dotar al niño de los recursos necesarios para pasar de ser un espectador pasivo a uno crítico y consciente.

Se sugieren algunas actuaciones relacionadas con:

- La producción, lectura e interpretación de imágenes.

- Acercamiento a los propios medios: la televisión (utilizar cámara de vídeo para “vernos” en la tele y desmitificar esa presencia), la informática, la propia elaboración de dibujos animados...

- Ver en el aula alguno de estos programas, dirigiendo la atención de los niños a los puntos que interesa resaltar, ayudándoles a interpretar lo que ven, a situarse críticamente frente a ello, a buscar distintas soluciones de la historia, a analizar modelos de conducta...

- Posteriormente pueden realizarse actividades de expresión y creatividad que ayuden a poner en cuestión el propio desarrollo de la historia.

Pero estas actuaciones no son suficientes en esta etapa educativa. Los niños y niñas reciben los mensajes violentos de los medios de comunicación en su casa, en sus horas libres. Una adecuada intervención educativa en este campo debe plantearse la colaboración familiar.

¿Qué orientaciones pueden darse a las familias?

A modo de ejemplo se ofrecen las siguientes:

- Transmitirles la importancia de que vean la televisión con sus hijos y conozcan sus juegos informáticos, para saber las influencias que reciben.

- Verbalizar con los niños, al principio y final de los programas, los aspectos morales no compartidos, comparando la ficción con la vida real.

- No utilizar estos programas para “tener entretenidos” a los niños, sabiendo que les están privando de juegos y experiencias directas, que deben ser la base principal de su desarrollo.

- Ofrecerles otros dibujos animados o películas que contrarresten la violencia de los habituales, ya sea por medio de vídeos, o llevándoles al cine, o escogiendo juegos informáticos no violentos.

- No adquirir los juguetes que promueven las series televisivas violentas, que actuarán como continuación de la propia ficción y absorberán el juego infantil. Por el contrario, introducir juguetes alternativos.

Los juegos cooperativos

Los juegos cooperativos tienen como objetivo que los niños y niñas aprendan a disfrutar por el propio placer de jugar, y no por fines colaterales al juego: ser el primero, ser el mejor, etc. Se trata de disfrutar con juegos en los que no haya perdedores. Por otro lado, estos juegos facilitan el aprendizaje de la cooperación y de distintas formas de comunicación, estimulando la creación de una atmósfera participativa, positiva y comunicativa.

En los juegos cooperativos todos cooperan, todos ganan, nadie pierde. Este tipo de juegos se dirigen a que el niño vaya tomando confianza en sí mismo, descartando el miedo al fallo, al fracaso, al ridículo. No es fácil desarrollar sentimientos de confianza y aceptación en un grupo: es una tarea lenta, en la que los juegos cooperativos pueden desempeñar una labor importante. Cooperar supone un aprendizaje, difícil cuando hay otras fuerzas sociales empujando en otra dirección: individualismo, competitividad...

Muchos de los juegos más populares pueden ser “reconvertidos” a juegos cooperativos. Por ejemplo, cambiar el tradicional “Pinchar la cola del asno” por un juego en el que un grupo orienta a otro que va con los ojos vendados. O una versión del escondite, en el que dos niños de la mano buscan a los demás, y cada vez que encuentran a uno le cogen de la mano y continúan todos buscando.

En definitiva, cualquier juego que estimule la cooperación entre los niños y niñas, que no exija eliminación o expulsión, o vencedores y perdedores, será una actividad que favorezca la adquisición de los valores que plantea la Educación para la Paz.

Los conflictos interpersonales

Los compañeros y compañeras son fuente de experiencias de intercambio y comunicación, aunque frecuentemente también motivo de pequeñas disputas alrededor de la posesión de objetos o de la demanda de atención exclusiva del adulto, entre otras razones. El niño irá aprendiendo en el contexto de las relaciones entre iguales algunas reglas elementales de la convivencia y la cooperación.

La Educación para la Paz requiere tratar los conflictos interpersonales de modo que se establezcan las condiciones para poder resolverse de forma dialogante y participativa, de forma pacífica, enseñando, a través de estos conflictos, actitudes y valores de tolerancia y cooperación.

Cuando los conflictos se abordan desde el diálogo, los niños descubren que existen distintos puntos de vista e intereses.

¿Cómo puede intervenir el educador para que el alumnado resuelva pacíficamente sus conflictos?

- Organizando una infraestructura funcional para que se den los menos conflictos posibles y cuidando la distribución del material, los agrupamientos, la sucesión de los tipos de actividad, etc.

- Observando el comportamiento de los niños, recogiendo información sobre cada uno de ellos en las situaciones habituales de la vida escolar, con el fin de conocer mejor sus reacciones y sus dificultades.

- Proporcionándoles la oportunidad de resolver los conflictos por sí mismos, sin intervenir prematuramente; contribuyendo a que el propio grupo establezca normas sobre la resolución de conflictos más habituales (querer ser siempre el primero, utilizar algún juego exclusivamente, quitarse las cosas personales, etc.).

- Ayudándoles a verbalizar el conflicto analizando sus causas; buscando, mediante el diálogo, diferentes soluciones; dejando, en ocasiones, el conflicto sin resolver, y retomándolo en momentos más idóneos y favorecedores del diálogo.

Conviene recordar, en este apartado, el modelo que el adulto representa para el niño o la niña, cuidando que los conflictos con escolares o adultos se resuelvan por medio del diálogo, y orientando a las familias, para conseguir que también en su casa reciban el mismo modelo.

Orientaciones para la evaluación

Los contenidos sobre Educación para la Paz pueden y deben ser evaluados. Es obvio que una puntuación convencional no reflejaría el proceso de aprendizaje del escolar, ni le ayudaría a él, ni al profesor a mejorarse. Éste es un problema común a toda evaluación que deberá resolver el profesor o profesora atendiendo a las orientaciones generales.

Otro problema que plantea la evaluación en el campo de la Educación para la Paz es el de su misma moralidad. Se argumenta diciendo que la evaluación, en la medida que califica la competencia de un niño o niña, se convierte en un juicio sobre su bondad o maldad como persona, y esto es una tarea que excede al profesor y probablemente a cualquier otra persona. Hay muchos aspectos y rasgos significativos para nuestro tema, que es posible evaluar sin poner en tela de juicio el carácter moral de la persona. En este sentido, sin suponer en absoluto que se está calificando como de bueno o malo a un escolar, es cierto que cabe considerarlo como más cooperativo, autónomo o que manifiesta con mayor frecuencia conductas convivenciales... Tales juicios evaluativos son posibles, sin extraer de ellos una calificación global definitiva sobre la personalidad del niño o niña, y, sobre todo, pueden ser útiles para potenciar el desarrollo moral desde sus necesidades y sus logros.

Una evaluación completa debe tener en cuenta tanto el proceso que realizan los niños y niñas como los distintos aspectos de la intervención de los educadores.

Dada la especificidad de la Educación para la Paz, los criterios de evaluación a emplear deberán ser preferentemente de tipo cualitativo.

La observación directa y sistemática constituirá la técnica principal del proceso de evaluación. Esta técnica puede ser especialmente utilizada en el caso de la Educación para la Paz dado el carácter altamente cualitativo de la información que nos transmite.